De vuelta en casa, es buen momento para hacer una pequeña crónica-análisis del V Memorial Luis Seisas. Últimamente, mis posibilidad de blogear en directo durante los torneos se han limitado muchísimo. La culpa es del trabajo. Antes salía a horas normales y ahora no. Y además, llevo 4 torneos seguidos, incluyendo Liga Nacional, en los que tengo que viajar en avión el sábado muy temprano, así que cuando llego a la bolera me toca jugar y poco más.
Por eso invitamos, una vez más, a todo el que quiera y pueda a hacer crónicas, escritos o comentarios de cada serie, torneo o liga. Nosotros nos ofrecemos a editarlos, a colgarlos, a aumentarlos o lo que haga falta. Cuando las manos escasean, hace falta más ayuda.
Pero al grano. El V Memorial Luis Seisas ha sido diferente a los otros dos torneos del Circuito de la AECB que llevamos este año. El corte fue más alto, hubo más gente el sábado y hubo muchísimos jugadores locales en la final. Además, muchos de los habituales, como ya señalamos el sábado, se quedaron fuera del corte.
De los 36 finalistas, sólo 19 tenían menos de 10 de handicap; y de ellos, 14 cinco o menos. Esto no es ni bueno ni malo en sí, creo, pero sí es inusual, porque cuando las pistas no están difíciles la gente que está arriba suele ser la que tira más bolos scratch.
¿A qué se debió? No creo que se deba a una sola razón. Está claro que hay muchos jugadores en la zona norte y que están mejorando, así que eso, evidentemente, explica la presencia de muchos de ellos.
Por otro lado, las características del patrón de aceite no eran exactamente las de unas pistas superfáciles. Es decir, está claro que no eran difíciles, pero el cierre de la bola era tan agresivo que el "exceso" de revoluciones se penalizaba. Todo jugador debe adaptarse, pero siempre es más fácil usar tu A-GAME que el B, y tener que subir velocidad o cambiar el release reduce un poco la cantidad de bolos que se pueden tirar.
No es excusa en todo caso. Gente como Felipe Redondo, Erwin Pascual, Marc Castillo o Marco V Zazueta tiraron enter 1260 y 1280, lo que no está nada mal. Simplemente, faltó un poco. Yo mismo estaba 74 arriba en cuatro partidas (reales) y 78 arriba con handicap en 5, así que no era una cosa terrible.
Personalmente querría ver un poco más de aceite o un cierre algo más suave en los torneos. Con las bolas actuales, tan poco aceite genera curvas brutales. Además, la bolera cambió el tipo de cleaner y el de ahora es más cuchillero (el año pasado era parecido). Eso no es malo. Todo el mundo tiene derecho a poner el patrón que quiera, pero cuando se cambia de torneo o se pone más aceite (caso del Galaxy o, sobre todo, de Coruña) el resultado es que el corte esté hasta 60 palos más bajo. Y eso, con el sistema de handicap actual, costará muchos palos para el próximo evento.
Sobre el torneo en sí hay que decir que, como todos, tuvo cosas buenas y cosas malas.
Las buenas: la participación, el buen ambiente en la bolera en todas las series, la excelente puntualidad, la presencia de apuntadores en todo momento o que las máquinas, prácticamente, no fallasen nunca.
Entre las malas: que se permita fumar de esa manera. Personalmente soy partidario de que una bolera pueda decidir si permite o no fumar en sus instalaciones. A mí me molesta, pero creo que el dueño debería tener libertad. Sin embargo, una cosa es en la bolera y otra es el torneo. No es de recibo, si queremos que esto sea un deporte, que durante las bolas de prueba o el cambio de pista haya gente fumando en el retornabolas o, durante toda la serie, a 30 cm de los jugadores.
El formato de la final, por ejemplo, tampoco nos convence a Los Rascadores. Que de 36 finalistas sólo 4 pasen ronda le quita gracia y, sobre todo, competición. El corte estuvo por encima de los 222 de media. Con una partida mala es jorobado llegar a esos promedios. Preferimos finales en las que pasen 8 o, como en el Galaxy, hasta 12. Hace que nadie pierda la ilusión y la lucha sea mucho más bonita. Y eso que la última partida de la final de ayer fue estupenda.
Alejandro Arjonilla estaba sexto a falta de ella. Tiró 215 (219 con handicap) y logró superar a 4 de los que tenía por delante, pero tres de los que venían por detrás (incluyendo a Tiro Morán y Hernández) tiraron partidas de 240 para colarse.
Por cierto, ¿creéis que es casualidad que de los 4 finalistas tres no tuvieran handicap? ¿Y que de los 8 primeros sólo uno tuviera más de 10? No lo parece... y eso que fue muy alto... Por eso nos gustaría que las boleras pusieses patrones más complicados. Pero no ya en los torneos, que es algo marginal, sino para entrenar. Si alguien se acostumbra a practicar con más aceite y más dificultades, llegado el momento sabrá adaptarse mejor que los habituados a sólo unas condiciones de pistas.
De entre todos los finalistas, mencionados o no, destacó, una vez más, el insuperable Frouvelle. Sergio se ha consolidado ya como uno de los mejores jugadores de España, sino el mejor. Es una prueba viviente de que:
a) es posible adaptarse a todas las condiciones de pista con pequeños cambios
b) el juego físico es fundamental, pero no lo más importante
c) un approach sólido es clave
d) la fe mueve montañas
e) entrenar sirve de mucho
Frouvelle es capaz de tirar bolos en todas las condiciones. Sufre más cuando hay mucho aceite, claro. Pero en condiciones intermedias, que son las más habituales en España, es el rey. Le da igual un cierre agresivo o suave. Jugar por la uno, la dos o la tres. Más duro o más suave. Sabe ajustarse muy bien, y aunque todavía no domina al 100% su juego de bolas, no tiene miedo de ir probando con todas.
Sobre el juego físico.. cualquiera que lo conozca sabe que, por un accidente de tráfico, tiene limitadísima su capacidad de giro. Vamos, como que no puede girar la muñequa derecha. Antes lanzaba con mucha más curva pero ahora, y con la muñequera, se limita al mínimo (que es lo máximo que puede). Y es más que suficiente
Donde macha al resto es en su approach. Es una máquina de repetir. Su juego es simple y se aprovecha bien, llegando perfectamenet siempre y no fallando la marca. Es habitual ver a jugadores con más potencia lanzando por la tres, luego la tres y medio, luego la dos y abriendo con un margen de hasta 8 listones o más. Pero Frouvelle no. Él machaca la línea a base de bien y apenas se equivoca entre un tiro y otro. Es una máquina de repetir.
Además, tiene una confianza tremenda. ¿Cuántas veces le hemos visto lanzar un 250 en la última partida para meterse? Tanto en la clasifictoria como en el corte de la final. Siempre está listo y no suele fallar. Su procentaje de éxito es altísimo. ¿Por qué? Porque tiene confianza, tiene fe. Sabe que puede hacerlo, saca la rabia y lo hace.
¿Cómo se logra todo esto? Pues con amor por el bowling y trabajo. Sergio se mete unas buenas palizas de coche cada mes para venir a Madrid, Coruña, Bilbao o donde haga falta. Y nunca se queja. Cuando vuelve a casa entrena y se prepara para el siguiente torneo. Pero lo hace ahora, cuando está preparado. Durante mucho tiempo se ha formado, ha aprendido y ha ido mejorando.
Eso exige probar diferentes líneas de juego, diferentes bolas y diferentes soltados. Y formarse. Lo hemos dicho y lo diremos mil veces. ¿Qué es más rentable, gastarse 200 euros en un curso para aprender o mejorar o gastarse 300 para un torneo? ¿O 200 para otra bola? Nuestra elección está muy clara. Si hace falta renunciar durante toda la temporada a un campeonato para poder financiarse un clinic, adelante.
Trarse a un entrenador a la ciudad puede costar 150 euros por persona. ¿De verdad es caro pagarle a un profesional ese dinero? A mí, por 8 horas de buen aprendizaje, no me lo parece. Lo he pagado y lo pagaré cada año. Quizás el resultado no sea inmediato, pues exige muchísimo trabajo, pero se nota.
Yo creo que Frouvelle es un ejemplo a seguir en todas sus facetas. Yo, al menos, trataré de tenerlo en cuenta.
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